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miércoles, 20 de junio de 2012

Solsticio de Invierno en la América del Sur




La noche del 20 de junio en el hemisferio sur es la más larga del año. El solsticio de invierno se celebra de muchas formas y hoy nos asomaremos al Inti Raymi en la Puna.
En todo lo que fuera territorio del antiguo Imperio Inca, la tradición se ha mantenido a lo largo de los siglos. La celebración de la Pachamama en una noche larga  y extremadamente dura en las alturas de los Andes americanos, concentra el fervor de los habitantes de los pequeños pueblos y de los curiosos que ya se acercan en cantidad a presenciarlo.

Para los pueblos de la Puna, a más de 2.500 metros de altura sobre el nivel del mar, la fecha es por demás especial, porque marca el inicio de un nuevo año solar y comienzan las celebraciones y ofrendas para esperar al Tata Inti (Padre Sol) en la ceremonia conocida como el Inti Raymi (Fiesta del Sol).
Pasada la medianoche, la gente se va reuniendo en el lugar seleccionado para la vigilia, en espera a la llegada de los primeros rayos del sol. Este sitio está justo sobre del Trópico de Capricornio, cerca de Huacalera, un pueblito ubicado a 2.600 metros de altura y a 100 kilómetros de la ciudad de San Salvador de Jujuy. Pero la misma ceremonia se repite en cada rincón andino.
Detrás del monolito que señala la linea imaginaria del Trópico, fogatas, carpas y pequeños reductos de gente, se preparan para pasar la noche más larga del año y hacerle frente a un frío que penetra en todo el cuerpo, con ofrendas, bebidas, charlas en quechua y rituales milenarios.

Llegado el momento, el encargado de llevar el ritual se prepara para abrir la tierra en el sitio específico en el que se concentrarán las ofrendas y el sacrificio de una llama y su corazón al Tata Inti.
Hace un pozo pequeño en la tierra, lo decora  con serpentinas de colores y papel picado de colores.




Inti Raymi en la cima del pucará del Angosto
 


Las ofrendas a la tierra, que consisten en chicha, bebidas alcohólicas, cigarrillos y lo que la tierra provee, se realizan entre coloridos bailes, agradecimientos y perdones de los que se acercan, se arrodillan y la veneran.
Se ofrece también el sacrificio de una llama adornada con guirnaldas y colores vivos. La sangre del animal es alimento de la tierra y una mujer toma el corazón de la llama, literalmente, lo eleva al cielo y lo ofrece a la Pachamama.

Con la mirada fija en la cima del Cerro La Huerta, los presentes elevan las manos y esperan que los primeros rayos de sol asomen. El frío es extremo, pero los asistentes lo soportan confiando en los buenos augurios que trerá el sol para el nuevo año agrícola.
La celebración del Inti Raymi se realiza en todo el corazón andino de América, en algunos lugares con gran despliegue y pompa, a la vieja usanza cuando el Inca gobernante era quien dirigía el ritual del solsticio de invierno.


Fuente: Diario del Viajero
Foto | Juntapuchos

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